Bogotá, 1891—1896. José Asunción Silva dedica cinco años a una tarea inédita en la Colombia de su tiempo: componer un poemario no como una simple recopilación cronológica de poemas previamente publicados de manera individual, sino como un objeto artístico unitario. Para Silva, el orden de los poemas debía responder a una arquitectura emocional, diseñada para afectar la sensibilidad del lector, y no a la fecha de su publicación en la prensa. De este riguroso proceso surge el poemario Libro de versos, del cual el poeta dejó una versión final manuscrita. Tristemente, tras su muerte, el manuscrito pasó por tantas manos que se perdieron varios poemas, impidiendo que la obra se publicara exactamente como la concibió su autor. En 1945 la Editorial Horizontes publicó una versión facsimilar de esta versión incompleta por considerarla un documento fundamental para el estudio del autor.
La pieza —contexto—: Estás viendo una selección de los poemas más representativos de Silva cuyos manuscritos se incluyen en la edición facsimilar de 1945 (Editorial Horizontes), montados en papel pergamino de 150 gramos (36 x 23.2 cm). Estas hojas reproducen la caligrafía original del poeta. Pertenecen a la colección de piezas históricas que atesora la Casa de Poesía Silva y es la primera vez que se exhiben fuera de su sede tradicional.
Gabriel García Márquez, en su prólogo a De sobremesa, rescató a Silva de la imagen del poeta lánguido y amargado, presentándolo como un intelectual vasto y variado que estaba siempre al día con la formación literaria y científica de su tiempo. García Márquez definió a Silva como un esteta periférico que, desde una capital remota y triste, logró conectar con la crisis universal de las letras.
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