El retrato de escritor de Silva

Bogotá, inicios de 1896. El año comienza con optimismo para Silva: su fábrica de baldosines prospera y además prepara dos publicaciones internacionales (su novela, Amor —que posteriormente titulará De sobremesa— en El cojo ilustrado y su poemario, Libro de versos, en México). Probablemente motivado por estos proyectos, hacia el mes de marzo, Silva acude al estudio de Alfredo Esperon para tomarse este retrato profesional. Su objetivo era claro: necesitaba registros visuales de alta calidad para las futuras ediciones de sus libros.   

La pieza —contexto—: Estás viendo una ampliación con calidad de museo y montada en retablo (100.5 x 74 cm) del retrato original. Pertenece al acervo histórico de la Casa de Poesía Silva y desde 1986 se exhibe en la pared lateral del auditorio, justo al lado de la instantánea tomada por Rafael Borrero Vega. Esta cercanía permite cotejar en los retratos la apariencia física del poeta y establecer que fueron tomadas por la misma época (marzo —mayo 1896). Es la primera vez que esta pieza se exhibe fuera del auditorio.

Detalle: Nota el perfil deliberado: sugiere introspección y distancia reflexiva. Su atuendo (sombrero hongo y abrigo) subraya su elegancia cosmopolita. Más que una foto, Silva construye aquí una imagen editorial para posicionarse en el mercado, demostrando ser un visionario de la importancia de la imagen y la comprensión del nombre del autor como una marca comercial.

Escucha el poema La respuesta de la tierra

Era un poeta lírico, grandioso y sibilino
que le hablaba a la tierra una tarde de invierno,
frente a una posada y al volver de un camino:
-¡Oh madre, oh tierra! -díjole-, en tu girar eterno
nuestra existencia efímera tal parece que ignoras.
Nosotros esperamos un cielo o un infierno,
sufrimos o gozamos en nuestras breves horas,
e indiferente y muda tú, madre sin entrañas,
de acuerdo con los hombres no sufres y no lloras.
¿No sabes el secreto misterioso que entrañas?
¿Por qué las noches negras, las diáfanas auroras?
Las sombras vagarosas y tenues de unas cañas
que se reflejan lívidas en los estanques yertos,
¿no son como conciencias fantásticas y extrañas
que les copian sus vidas en espejos inciertos?
¿Qué somos? ¿A do vamos? ¿Por qué hasta aquí vinimos?
¿Conocen los secretos del más allá los muertos?
¿Por qué la vida inútil y triste recibimos?
¿Hay un oasis húmedo después de estos desiertos?
¿Por qué nacemos, madre, dime, por qué morimos?
¿Por qué? -Mi angustia sacia y a mi ansiedad contesta.
Yo, sacerdote tuyo, arrodillado y trémulo,
en estas soledades aguardo la respuesta.

La tierra, como siempre, displicente y callada,
al gran poeta lírico no le contestó nada.

Poema de José Asunción Silva en voz del poeta colombiano Alvaro Mutis
Este audio forma parte de la Colección Voces para el tiempo de la Fonoteca de la Casa de Poesía Silva

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