Bogotá, 1995. Para conmemorar el centenario de la muerte de José Asunción Silva (1996), el Banco de la República encomendó al artista plástico Juan Cárdenas el diseño del billete de Cinco Mil Pesos. Cárdenas tomó como modelo para el grabado del rostro del poeta que aparece en el billetela fotografía que Silva se había tomado para su ‘Tarjeta de visita’ hacia 1893. El paisaje, la mujer, la luna y los diferentes animales que integran el diseño, aluden a elementos compositivos de la atmósfera del poema fundamental en la obra Silva, el Nocturno III, del cual se reproduce un fragmento miniatura autógrafo en el pedestal que aparece en el reverso del billete. Allí también, en el reverso, aparecen dos plumas de ganso que simbolizan la herramienta con la que el poeta compone su obra. El billete fue presentado en la Casa de Poesía Silva por Miguel Urrutia —Gerente General del Banco de la República en aquel entonces—, el 21 de septiembre de 1995, y empezó a circular a partir del 22 constituyéndose así en el primer billete en el país en el que apareció la imagen de un poeta.
La pieza —contexto—: Estás viendo un retablo didáctico (50.2 x 85.4 cm) realizado por la Casa de Poesía Silva. Es una impresión de alta calidad utilizada como recurso de apoyo para sus actividades pedagógicas, en las cuales se explica la rica simbología e información histórica relevante oculta en el diseño del billete.



El billete nuevo
Desde noviembre de 2016, el Banco de la República integró a la nueva familia de billetes la nueva imagen del billete de 5.000 pesos, la cual mantiene la figura de José Asunción Silva. La pieza destaca en su cara principal el retrato del poeta, acompañado por elementos de nuestra biodiversidad como la planta de puya y un abejorro. En su reverso, el diseño exalta la riqueza de los páramos colombianos, el oso de anteojos y el cóndor de los Andes, integrando el poema «Melancolía» como cierre de este tributo numismático.

Lee el poema Melancolía
De todo lo velado,
tenue, lejana y misteriosa surge
vaga melancolía
que del ideal al cielo nos conduce.
He mirado reflejos de ese cielo
en la brillante lumbre
con que ahuyenta las sombras, la mirada
de sus ojos azules.
Leve cadena de oro
que una alma a otra alma con sus hilos une
oculta simpatía,
que en lo profundo de lo ignoto bulle,
y que en las realidades de la vida
se pierde y se consume
cual se pierde una gota de rocío
sobre las yerbas que el sepulcro cubren.



